Es una realidad que con el desarrollo de la Medicina, nuestras expectativas de vida aumentan día a día. Pero también es una realidad que con ese aumento también se ciernen algunas amenazas como las enfermedades de la vejez. Entre tales enfermedades debemos contar a las mentales, ya sea como resultado del propio envejecimiento, o como consecuencia de un desgaste propiciado por otros problemas orgánicos y/o psicológicos. Conforme el tamaño de la población vieja aumente, también se incrementará la demanda de atención en diversos centros especializados entre ellos los de consulta psiquiátrica. No obstante no parecen existir planes en el corto plazo para que exista un aumento de tales centros a nivel nacional, en parte porque la aparente posición política es la de rehabilitar a los ancianos o ahora llamados "adultos mayores", "adultos en plenitud" o "personas de la tercera edad" y que crear mas centros u hospitales de geriatría y gerontología llamaría a que se llenaran rápidamente con pacientes. Esta tendencia mundial aunque tiene en parte una orientación plausible que es la de reintegrar a los ancianos a la vida productiva, evidentemente también tiene un trasfondo económico. De cualquier forma aun con todos los esfuerzos por no inhabilitar a los ancianos, habrá un volumen cada vez mayor de aquellos que no podrán ser rehabilitados completamente y requerirán hospitalización y por ende creación de hospitales y personal especializado, sobretodo tomando en cuenta que ahora un paciente psiquiátrico tendrá enfermedades orgánicas concurrentes a diferencia del pasado en donde los pacientes con desórdenes mentales pero orgánicamente sanos eran capaces de valerse por sí mismos e inclusive de colaborar en las actividades del centro que los acogía. Esos tiempos se han ido. La moral en estos lugares puede ser baja no solo por las enfermedades presentes, sino por la situación familiar en muchos casos de abandono de los pacientes. Sin duda la ayuda de voluntarios para animar la vida de dichos pacientes que no puede ver a sus familias por cualquier razón es muy valiosa, pero las atenciones médicas y de enfermería, los servicios psicológicos, de nutrición, así como las actividades de limpieza, hacer la cama, el aseo después de las deposiciones y el trabajo mas rutinario seguirá requiriendo personal profesional. En este año de 2009, en México el presidente de la República ha firmado el decreto para la creación del Instituto Nacional de Geriatría pero dicha institución aunque enfocada a crear especialistas en el area, lo cual es un gran avance, está enfocada en ser un centro de referencia nacional y no resolverá los problemas locales y de primer nivel de atención. Lo que se requiere para resolver esto es un incremento de sitios de atención mental para pacientes geriátricos y aumento de plazas de distintos niveles para dichos sitios. Obviamente implica un gasto que en las actuales condiciones de crisis económica mundial parece muy difícil de llevarse a cabo. Pero incluso si hubiera en México un crecimiento durante la próxima década a la tasa máxima prevista por el Gobierno (2-3 % del PIB) se contempla la creación de pocas plazas de personal y hospitales para enfermos mentales ancianos discapacitados en los siguientes años. Se requeriría por ejemplo, que se incrementara la matrícula en las plazas para residencias médicas en psiquiatría, en diversas regiones del país, no solo en el centro. La demanda de atención a los centros de atención a pacientes psiquiátricos para hospitalización o ambulatorios sin embargo aumentan progresivamente y no parece que vaya a detenerse en el corto plazo sobretodo porque: a) las expectativas de vida aumentarán, y se asociarán a enfermedades crónicas órganicas (p. ej: diabetes, hipertensión, obesidad, síndrome metabólico, cardiopatías, cáncer, etc) que tambíen van en aumento; b) las enfermedades mentales tienden a ser mas graves y complejas como un derivado de los nuevos estilos de vida de la sociedad contemporánea y además c) los pacientes que se jubilen a una cierta edad sobrevivirán mas ahora que lo que lo hacían las personas en el pasado, con lo que las estancias (de requerirse) serán más prolongadas y las erogaciones del gobierno y/o la familia del propio paciente tendrán que ser también por un mayor plazo. Las condiciones para los discapacitados mentales seguramente ha mejorado en los últimos años, pero las instituciones especializadas son pocas y no se prevé un crecimiento acorde a la demanda al menos en el sector público. Quizás uno de los problemas es que ni el gobierno, ni la sociedad parecen considerar este problema como una prioridad, quizás el problema sea que no nos gusta imaginarnos como ancianos, con enfermedades y menos mentales, pero mientras el nivel de interés y preocupación sean bajos, y mientras algunas autoridades locales o nacionales aparentes "mantener las tasas bajas" para gastar lo mínimo, existirá un gran rezago en este tema. Sin duda, cualquier plan nacional para la mejora de los servicios debe incluir algunos medios de garantizar que las autoridades locales llevan a cabo esta tarea, pero tal vez también sea el tiempo de que la iniciativa privada adquiera una perspectiva del problema e invierta en un campo que seguramente será de gran demanda en el futuro y en donde se puede brindar una amplia gama de servicios de salud, a un gran sector de la población y a diferentes costos.
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